Chicos y chicas, aquí se acaban las vacaciones hoy. Mañana toca volver a la uni. En parte tengo ganas, para ver a la gentecilla y esas cosas… Pero también estoy pasando miedo por esa misma razón, presiento que van a someterme a un interrogatorio sin precedentes, con la finalidad de sonsacar cuanta más información mejor… pero yo me haré la loca, que se me da de maravilla (muahahaha).
La cuestión es que esta Semana Santa no he ido a Alicante, sino que me he quedado en Reus. Sólo he salido de casa un par de días, uno de ellos a Barcelona. He vuelto a ver lo preciosa que es esa ciudad, sin necesidad de hacer nada concreto, sólo caminando y disfrutando del momento.
También veo Reus más bonito que antes. Paseando, me he ido fijando en pequeños detalles. La plaza del ayuntamiento parece mucho más grande, y el camino a la facultad, mucho más corto. Mis tres restaurantes favoritos (Ferretería, Crepería y Tagliatella) ahora tienen un recuerdo más para añadir. Todo estaba taaaaan rico… Incluso en mi piso, a pesar de no ser yo una gran cocinera, toda la comida tenía un sabor diferente. Mi famosa tortilla de patatas, las berenjenas rellenas, las fajitas, los espaguetis a la carbonara… todo venía acompañado de un cumplido sincero y profundamente reconfortante.
Ayer por teléfono, Diana me preguntaba si soy feliz. Sí, lo soy. Como diría cierto comentarista: la vida puede ser maravillosa. Llamadme ilusa, realmente creo que puede tener razón. Pero para eso hay que buscar los pequeños detalles que nos hacen felices (esos que suelen pasar desapercibidos porque normalmente no nos fijamos), en vez de esperar a que tenga lugar un gran acontecimiento.
Por cierto, quien haya dicho que “sí” en la última encuesta de muse (”¿crees que la vida es una mierda?”), tiene un problema. Pero tranquilos, todo se soluciona con una buena tortilla de patatas (y un buen vino, si viene de mano de Accentless o maskuko).