Historia de una curva Octubre 29, 2008
Todos tenemos una carretera que, de alguna manera u otra, nos es familiar. Un sitio por el que llevas pasando años. Primero con tus padres en el asiento de atrás, luego en bus, conduciendo por tu cuenta… En tanto tiempo, has conseguido memorizar cada truco: los metros que faltan para que la línea se vuelva continua y no puedas adelantar; los segundos que pasan desde que el semáforo de peatones parpadea hasta que el tuyo está verde y puedes salir; la cantidad de coches que conseguirán cruzarlo en cada tanda; las tapas de alcantarilla y demás baches molestos…
Siempre habías oído, desde pequeño, que esa carretera era peligrosa, que había que ir con cuidado. Pero, al parecer, nunca pasaba nada. Y si pasaba, siempre había una razón lógica: “…iba a 150 km/h…”. Te quedas tranquilo al pensar, que tú eso lo puedes evitar, porque eres un conductor responsable.
Pero llega el día que llueve. Que el asfalto está más resbaladizo de lo normal. Que las líneas blancas de la calzada lo están aún más. Que el viento apenas te deja oír el propio ruido del motor. Llegas a esa primera curva y… se acabó.
De lejos se ven unas luces. Las primeras, naranjas. Hay alguien en el suelo, pero apenas lo puedes intuir. Otra persona está encima suya, intentando por todos los medios que el corazón siga bombeando. Seguramente ya le habrán roto alguna costilla, pero qué más da. Ahora mismo esa es la última de sus preocupaciones. Hay tanta sangre a su alrededor…
El resto de camino de vuelta a casa, sólo consigues articular dos palabras: qué fuerte. Por lo demás, silencio. No piensas más que en ese pobre hombre. Tendría una familia, o quizás no. Gente que le apreciara y le detestara. Problemas para llegar a fin de mes? Un vecino al que saluda cada mañana a pesar de que no sabe ni su nombre…
Ese mismo día, sólo unas horas más tarde, vuelves a pasar por allí. Ya no te parece la misma carretera. Donde antes había tanto barullo de gente y coches, ahora sólo hay un trozo cubierto de tierra, en el borde del carril derecho. No es sólo la muerte de un ser humano. Es el fin de su historia. Una persona como otra cualquiera, como tú y como yo, más o menos especial… pero persona al fin y al cabo.
Estas cosas son las que me hacen pensar… que ese cuerpo tirado en el suelo podría haber sido yo. Los accidentes no siempre se pueden evitar. Y aún así, aquí estamos, intentando vivir la vida como si nada malo pudiera ocurrir, buscando en todo momento el lado positivo. Luchando por ponerle una sonrisa a todo, compartiendo cada buen momento con la gente que realmente importa. Y que si algún día pasara algo… al menos que haya alguien ahí para poder contar mi historia.