Siempre quedan trastos olvidados en las buhardillas y una canción cualquiera puede hacerte perder la partida en “la ruleta rusa de abrir las más perdidas cajas de embalaje”.
Y, cuando eso sucede, de repente estoy ganando al Pictionari bebiendo champan en copa de helado… o viendo al duende del parque con sus medias nuevas junto al oso, esperando para enseñarme, sin querer, la primera lección tras la película. Me enseñaste tanto de tantas cosas que ya no recuerdo si antes de ti había alguien aquí dentro.
Sin duda fuiste el mejor regalo de cumpleaños de aquel año y de todos los demás.
GRACIAS POR CAMBIARME LA VIDA…
¿Algún cirujano en prácticas? El corazón me está fallando.

