El ser humano es raro, muy raro. Es tan raro que algunos individuos se levantan una mañana con ganas de hacer estupideces y no se paran a pensar si están gilipollas o qué.
Pongámonos en situación: Tú. Un inodoro. Tiempo libre para reflexionar. Meas, hueles, frunces el ceño… te tapas la nariz y dices: “Ya está, los espárragos de anoche“.
Básicamente eso es lo que le debió suceder al médico francés del siglo XVIII que ha pasado a la historia como “el descubridor de que los espárragos hacen que la orina huela mal“. Sin duda una razón tan noble como cualquier otra para pasar a la historia… (en alemania se le considera un héroe).
Por eso algunos sacamos tan buenas notas en El Test Del Sexo… cualquier pervertido que se precie sabe que los espárragos hacen que la orina apeste y conoce la importancia de ese hecho, que no es tontería: cuando estás meando de pié, con medio pantalón bajado, las piernas abiertas unos trenta grados en ese momento de relajación en el que casi (y sin el casi) te sube un escalofrío por la espalda justo cuando ves el comienzo del chorrillo saliendo disparado porque llevabas horas aguantándote las ganas… ¡¡sube el vaporcillo y de repente ese olor!!… claro, dejas a tu pareja con la boca abierta, le cortas todo el royo… ¡¡Con lo que te había costado convencerla!! ¡¡Tú que querías que todo fuese perfecto!!
Así que, porque nunca viene mal un poco de cultura, aquí teneis este enlace en el que os cuentan esa pequeña historia (en inglés) de descubrimiento y passión… y los procesos fisiológicos que producen el mal olor (sólo de la orina… lávate). También dicen que no hay razón para dejar de comer espárragos, que son muy nutritivos y todo ese royo… pero si eres alemán y quieres a tu pareja… no hagas ni puto caso.
No hay nada peor para una relación que un calentón “mal apagao”.
Posted by mimetist as reflexiones, sUciedad, sexo at 8:54 PM CEST
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