A todo hombre le llega un momento en la vida en el que decide hacer un gran sacrificio, vender su cuerpo y perder su reputación y su dignidad… ese momento no es otro que en el que, para que sus amigos triunfen, acaba enrollándose con la peor tía del local: “La parásito“… también conocida como “La murciélago“.
¿Cómo explicaros…? A ver…
La murciélago es a la guapa lo que Hamilton a Fernando Alonso:
Una zorra envidiosa y egoísta, acomplejada porque nunca gana y que para lo único que sirve es para tocar los cojones a toda persona mejor que ella, que suelen ser muchas, porque no es más que una niñata defendida por su papaito y a la que misteriosamente nunca se le jode el coche.

Algunos piensan que la murciélago es “la fea” (y sí, es fea), pero hace falta mucho más para llegar a piloto número dos de la escudería. Para empezar hay que ser gilipollas, pero no gilipollas de “ah, qué gilipollas” sino “gilipollas, gilipollas“… porque con una fea que no es gilipollas se puede hablar tranquilamente, de modo que aunque alguien se enrolle con su amiga guapa, no tendrá que quedarse sola ni empezar a dar el coñazo.
Su segunda característica esencial es su capacidad para conseguir lo que quiere mediante el lloriqueo ante cualquier autoridad. Será capaz de llevarse a su amiga al baño y, comportándose como un puto niñato de mierda, convencerla de que se tienen que ir a casa… a no ser que le encuentre rollo. Así que podemos considerar que tiene cierta habilidad natural para el sabotaje y, de paso, para molestar a cualquiera que quiera entrar al boxes, digooooo… al baño.
Y ahí estás tú, con sonrisilla de tonto, comentando a tu amigo el cuerpazo de la tía con la que acaba de enrollarse… mientras que, a menos de 20 metros de ti, sentadas en unas tazas de water, el quiróptero y la piba de tu amigo determinan minuciosamente cuál será tu destino esa noche.
Si la música no estuviera tan alta, notarías un leve zumbido en tus oídos que va in crescendo hasta la perforación del tímpano, están hablando de ti… y aún no lo sabes, pero te vas a enrollar con alguien que protagonizará tus pesadillas durante el resto de tu vida.
A los pocos minutos aparecen las dos cogidas de la mano, casi en fila india, la guapa sonriendo y la fea… allí. Notas cómo te miran, sabes que algo ha cambiado, no es como cuando se fueron, incluso piensas que a lo mejor la guapa se lo ha replanteado y ahora le gustas tú… pero amigo, no sabes lo que te espera… la que sí lo sabe es la parásito. A lo mejor ni le gustas, pero sabe que si el plan funciona y le llegas a dar (atentos) UN SOLO BESO… entonces es que no tienes dignidad y si esa noche no moja es porque ella no quiere.
Y ahí es cuando empieza el ataque. Pero no de frente, sino por los costados, de otros dos velocijosdeputa que ni siquiera habías visto. La guapa te va calentando tirándote miraditas sensuales mientras le susurra algo a tu amigo… ¿le estará proponiendo un ménage à trois?… NO, le está diciendo que o te lías con el monstruo del pantano o se acabó la noche.

Te han tendido una emboscada, si pudieras verte desde el punto de vista de una cámara colgada del techo, apreciarías los surcos que dejan los depredadores acercándose hacia ti. Tu amigo se pone en plan colegueo, “jiji, jaja” y te paga las copas. ¿Es tonto? No es tonto: “El alcohol se inventó para que las feas no fueran siempre vírgenes“… Y tú, que ya venías contento, acabas en un estado en el que hasta Massiel en tanga cantando el “LaLaLa” tiene su morbo.
Brrm, Brrrrrrrm… y empieza la Q3, tercera tanda clasificatoria para ordenar la parrilla de salida, tú con el depósito lleno de combustible hasta los topes, neumáticos duros y usados y la caja de cambios morcillona y marcando las 12:05… joder, está cantao’… ¡¡te va a dar por culo Hamilton!!
Sin saber ni porqué ni cómo, de repente tienes a la parásito en plan meloso agarrándote del brazo mientras la guapa y tu amigo se alejan tras un más que breve: “Bueno, nosotros nos vamos”.
Os quedasteis a solas… el círculo se había cerrado.
Después de una primera experiencia sexual traumática, con payaso infernal incluido, muchos pensaréis que “no se puede caer más bajo“… bien… pues sí se puede. El destino me reservaba algo mucho peor que aquel Ronald McDonald dibujando una M con sus pezones, una historia de amor que me haría recordar con ternura la pérdida de mi virginidad y mi inocencia: Me enrollé con la murciélago… y lo que es peor… estuve saliendo con ella durante meses.

