Como ya sabréis, hay gente en el mundo que tiene tan pocas cosas que hacer que acaba haciendo cosas que no sirven para absolutamente nada: Tener un blog, pagar impuestos o leerse el diccionario.
Las dos primeras son muy comunes… son el softcore del aburrimiento, el blog se lo hace quien quiere y los impuestos los paga quien no puede evitarlo… pero leerse el diccionario es puro hardcore, masoquismo y ensañamiento, una decisión completamente abstrusa para quien nunca se ha enfrentado al desasosiego de no querer nunca más volver a releer las etiquetas del champú… acto que conlleva en si las miradas por encima del hombro y el desdén de tus coetáneos, circunstancias que no pueden sino sumirte en lo más profundo de la abyección.

Joder… me estoy leyendo el diccionario…
Lo peor de leerse el diccionario es que no hay por donde cogerlo… lo abres y lo primero que te encuentras es que todas las palabras están ¡¡desordenadas!!, ¡¡así no hay quien pille la historia!! Llevo días intentando encontrar la moraleja, pero cada vez estoy más perdido…
Para que os hagáis una idea… primero te ponen todas las palabras que empiezan por A, así, al tuntún… y luego las que empiezan por B… seguidas de las que comienzan por C… ¡¡éso sí que es un “Elige tu propia aventura“!!
Su otro gran defecto es que se trata un libro para gente con cultura, se tarda en leer… cada dos párrafos te encuentras con una palabra nueva y tienes que parar para buscarla en el diccionario… ya sabéis lo que es eso… pero compensa, tiene que compensar… debe haber una fuerza universal que equilibre este tipo de desavenencias entre realidad y ficción.
Además empiezo a hablar como si tuviera un chupachups metido en el culo… ya os contaré…

