Ladrón de Bicicletas (Ladri de biciclette) es un clásico de 1948 del cine internacional, que llegó a nuestro país en 1950… en plena Dictadura de Francisco Franco… y todos sabemos lo artísticos que se ponen los militares ultracatólicos entre pantano y fusilamiento…
Emotivo final de la versión internacional de la película:
Final modificado para los españolitos:
El mañana parecía lleno de angustia ante este hombre. Pero ya no estaba solo. La cálida manecita del pequeño Bruno, entre las suyas, hablábale de fé y de esperanza en un mundo mejor, en un mundo en donde los hombres, llamados a comprenderse y amarse, lograrían el generoso ideal de una cristiana solidaridad.
No sé vosotros… yo me quedé con la boca abierta
De hecho, toda la película está plagada de frases añadidas o eliminadas, algunas tienen tintes políticos, pero la mayoría son referencias a la fé o a Dios que no están en la original.
Es sólo un ejemplo de hace 60 años y de una dictadura ultracatólica… hoy ocurre algo muy parecido, la dictadura del dinero. Sólo tienes que poner la tele.
Carpe Diem no es vivir cada día como si fuese el último, sino vivir cada día como si fuese el primero.
Nunca resultará más fácil aparcar el interrogatorio nocturno del porqué de cada cosa: ¿porqué cometí aquél error? ¿porqué no hice lo que había que hacer? ¿porqué no lo hizo ella?; que intentar quemar cada segundo que pasa en otra fiesta u otra gota de alcohol. Lo que sea para evitar el nudo en la garganta y la imagen de su cara o su voz, cada vez más y más extraña.
Por eso llega un momento en que sólo queda una pregunta: ¿Cambiarías algo de haber sabido que Recordar es el precio a pagar por haber vivido lo inolvidable?
Descubrirás que la respuesta no te hace sentir mejor.
Y no importa lo que digan, el tiempo sólo lo hará soportable… habrá más de una noche de tequila y soledad o alcohol y amistad exacerbada, pero nada de lo que hagas llenará el vacío. Ni siquiera ella… algo que sólo entendemos los que tropezamos dos veces en la misma piedra. Al final tendrás que aceptar quién eres ahora y seguir adelante como si no existiera el pasado… para ello es necesaria una sola cosa.
Me costó bastante tiempo entender que, aunque hacía mucho que ella me había dejado, también hacía falta que la dejara yo.
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Dedicado a todos aquellos que nos hemos buscado en el fondo de un vaso hasta aprender que “ni todo el alcohol del mundo, ni todas las horas”.