El ambiente es calmado en la habitación donde la espero.
El aroma que me envuelve es su perfume, una suave mezcla de rosas o lilas o alguna otra flor que desconozco, un olor que se desvanece en el tiempo cada vez que mis pulmones se bañan de aire. La echo de menos aunque hace sólo unas horas que se fue al trabajo. Miro el reloj del móvil, falta poco para que vuelva. Recuerdo nuestra despedida y el seco “hasta luego” con que me despedí, quizá fue mejor que no llegase a sus oídos… ya se sabe cómo son las mujeres.
Oigo pasos fuera, unas llaves y finalmente la puerta. Ha llegado a casa, apago la luz por completo y espero en su habitación. Estará cansada, entrará en la cocina a beber algo y después vendrá para cambiarse de ropa. No espera verme aquí, “quizá se asuste” pienso. La puerta se entreabre, nuestros ojos se cruzan y da un gritito. “Tranquila, soy yo” le digo mientras me levanto y tapo su boca con la mía.
La abrazo mientras nuestras manos juegan a encontrarse, intenta apartarse por un momento, pero no lo consigue. Pienso en quitarle la falda, noto sus pechos. Cierro la puerta y nos lanzamos a la cama. Sigo besándola, está nerviosa. “Te quiero, no vuelvas a irte”, le digo mientras le quito la camisa rompiendo los botones. Toco sus piernas y finalmente consigo desnudarla. Es perfecta. Su perfume me inunda de nuevo, cierro los ojos y me entrego por completo a ella. Me uno a ella, a su calor, a sus gimoteos… sus ojos se han convertido en un espejo… la penetro, la penetro, la penetro. Sus ojos son un espejo en el que mi reflejo ríe y no me conoce. El aroma que me envuelve es su perfume, rosas o lilas o alguna otra flor. “¿Quién eres?” pienso. La penetro, la penetro, la penetro. La penetro una y otra vez con el cuchillo.
Posted by mimetist as Desvaríos, frases, relatos at 2:01 AM CET
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