Estas dos acepciones me parecen demasiado “sosas”, dicen poco más que nada y, desde luego, no se “mojan”. La Wikipedia me parece mucho más precisa:
“la democracia es una forma de gobierno en la cual, en teoría, el poder para cambiar las leyes y las estructuras de gobierno, así como el poder de tomar todas las decisiones de gobierno reside en la ciudadanía. En un sistema así, las decisiones tanto legislativas como ejecutivas son tomadas por los propios ciudadanos (democracia directa) o por representantes escogidos mediante elecciones libres, que actúan representando los intereses de los ciudadanos (democracia representativa).”
Por cierto, la wikipedia también lo dice, en la actualidad todas (a ver quién me pone un ejemplo de lo contrario) son (somos, a pesar del rey) democracias representativas. Ningún gobierno permite a sus ciudadanos la participación directa en la elaboración de leyes o en la toma de decisiones.
¿Porqué? pues está claro, chavales, para que los políticos puedan hacer lo que les dé la gana, para que pueda haber más Marbellas, más maletines bajo la mesa y para que puedan estar disfrutando de lo que nos pertenece a nosotros.
La política ha sido el mejor engañabobos de la historia. Desde que nos organizamos en sociedades la mayoría nos hemos bajado los pantalones para que otros tengan el mando… Antes eran los jefes de las tribus, los reyes, los dictadores… y ahora los pseudo-demócratas, los que se han inventado unas reglas del juego para ganar siempre: La democracia representativa.
¿Quién manda en una democracia como la nuestra? ¿Nosotros los votantes o ellos, los votados?… seguro que todos pensais que los que mandan son ellos… porque nosotros le damos nuestros votos para que mande el que tenga la mayoría. Pero… ¿es esto cierto?
Pues no, es falso. Ya en 1785 las matemáticas dejaron constancia de la inutilidad de ciertos sistemas de elección. ¿El partido en el gobierno es el que apoya la mayoría del pueblo? Veamos qué ocurrió en las pasadas elecciones: Marzo de 2004, el PSOE gana las elecciones y se inicia la etapa del gobierno de Zapatero (aquí los datos).
El PSOE obtuvo 10.909.687 votos, frente a los 9.630.512 que consiguió el PP. Los demás tenían muchos menos votos, así que ganó el PSOE. Ninguno de los otros partidos que se presentaban obtuvo más de 1.300.000 (los 1.269.532 de IU fueron los que más se acercaron). Así que, oh maravillas de la política (y gracias a la magia del sistema democrático representativo) el PSOE gana las elecciones en contra de lo que la mayoría de los votantes quiere.
-¿qué? ¿pero qué dices? Si acabas de contarnos que el PSOE tuvo más votos…
Es verdad, tuvo más votos… más votos que el PP, más votos que IU, más votos que cualquier otro partido… pero no la mayoría de los votos.
Sin contar abstenciones (Que habría que contarlas), 14.936.933 votantes decidieron que era otro partido el que debía estar en el gobierno. OTRO PARTIDO Y NO EL PSOE. El 57.36 % de los Españoles que votaron en las pasadas elecciones preferían a otro partido… casi el 60%. ¿Qué clase de democracia es la que se pone en contra de lo que decide el 60% de su población?
Si votaste el PSOE estarás encantado, pero ¿y si no? Yo lo hice, no estoy encantado, pero lo hice… y no puedo más que pensar que si no lo hubiese hecho habría entrado a formar parte de esa mayoría de personas cuya opinión no cuenta.
¿Qué tiene esto que ver con las matemáticas? Pues, como decía, en 1785 un matemático llamado Marie Jean Antoine Nicolas Caritat (abreviando, Marqués de Condorcet) publicó una obra titulada “Essai” en la cual se planteaba una curiosa paradoja: La paradoja del Voto.
Esta paradoja no habla directamante del sistema democrático y mucho menos del sistema democrático representativo, habla de algo mucho más general: “elegir“. Veámoslo con un ejemplo:
Supongamos que tenemos que elegir nuestras preferencias en cuanto a presidente se refiere, es decir, en orden de preferencia (como cuando eliges carrera).
Tendríamos tres opciones (me decido por los partidos mayoritarios a nivel nacional)… Zapatero, Rajoy o Llamazares. Ahora supongamos que obtenemos el siguiente resultado:
Un tercio les ordena así: Rajoy, Zapatero, Llamazares.
Otro tercio así: Zapatero, Llamazares, Rajoy.
Y el otro tercio así: Llamazares, Rajoy, Zapatero.
¿Quién tendría que ganar las elecciones? Fijaos que dos tercios de la población prefiere a Rajoy antes que a Zapatero, pero también hay dos tercios que prefieren a Zapatero antes que a Llamazares… y, aunque parezca mentira, hay dos tercios de la población que prefiere a Llamazares antes que a Rajoy.
John Allen Paulos denominó a este caso como “situación de no-ganador“, no hará falta que explique porqué se decidió por ese nombre y no otro. William V. Gehrlein estima que hay una probabilidad de entre el 1 y el 12% de que se dé ese caso dependiendo del número de votantes y el número de opciones. (Mayor número de votantes, menos probabilidad… Mayor número de opciones, más probabilidad). Quizá un 12% no parezca mucho, pero se trata de dirigir un país, no es moco de pavo…
Otro caso típico es el de elección de delegado (para que veais hasta qué punto es difícil elegir un ganador)… y es MUY MUY COMÚN que ocurra esta paradoja, a mi me ha pasado muchas veces y, si lo pensais, veréis que a vosotros también.
De hecho está pasando ahora mismo en nuestro país. Si pedimos que levanten la mano todos los que no quieren que Zapatero sea el presidente veréis que son casi 15 millones los que prefieren a otro (frente a los casi 11 que están a favor)… y eso mismo será lo que pase con el próximo presidente. Así ha sido durante todas las elecciones democráticas de nuestra historia. (Aquí teneis los resultados de las del 94 y las del 99, las demás andarán por ahí, si alguien las encuentra que avise).
¿Quién confía en nuestra democracia?