No sé qué decir para no dejar rastro… seguramente nada sería lo mejor, sería más fácil callarme y mirar para otro lado, como cuando la distancia era tan grande que no podía ver la verdadera distancia… ahora, en cambio, me gusta imaginar que se puede hacer algo… hasta que me siento culpable y me paralizo… “bajo al mundo real y las cosas son diferentes”…
…entonces sé que sólo puedo cerrar los ojos para dar nombre a esos labios tuyos que Cortázar olvidó decir que eran tuyos; para sentirte cerca, hecha de aire e imaginarte tumbada a un centímetro de mi mano… sin mirarte, protegiéndome de la realidad.
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
…pero bajo al mundo real y las cosas son diferentes.
Posted by mimetist as Vídeos, cultura, frases, reflexiones, relatos at 3:14 AM CET
18 incautos »
En episodios anteriores de mimetist WebLoG, concretamente en el post titulado “In God We Trust“, algunas personas como Curri, Muse, AccentLess y Hans Sin Tierra (perdón si me dejo alguno) han puesto sus tres pasos para quitar un sujetador… y yo he querido hacer lo mismo, pero sin tocar el cierre, intentando que sea ella la que nos ahorre el trabajo… a ver qué os parece.
1. Mira intensamente sus ojos mientras te acercas para besarla y la besas al tiempo que una de tus manos la sujeta por la cintura y la otra se desliza desde su hombro hasta su muñeca. Separas tu boca, la miras de nuevo a los ojos y continúas tu beso… en el cuello, entre el hombro y el cuello, en el hombro.
La atraes hacia ti con tu mano izquierda, que sube de su cintura hacia el centro de la espalda, sientes sus pechos… y tu otra mano baja desde su muñeca hasta su mano y desde su mano hasta su muslo, acariciando sus piernas, subiendo ligeramente su falda para continuar la caricia más arriba, más arriba y más abajo, usando sólo la punta de los dedos, haciéndole sentir la caricia como un cosquilleo que le sube desde el muslo hasta la nuca, un dulce escalofrío que le yergue la espalda y el cuello. La besas de nuevo.
2. Tu mano izquierda sube por su cuerpo, esta vez desde el centro de su espalda hasta su cuello, tras la cabeza, dejando que su pelo cubra tu mano, que sólo roza levemente su piel para que la caricia la obligue a separar sus labios de tus labios, inclinando hacia atrás la cabeza. La miras a los ojos un segundo y cierras los tuyos… y ella cierra los suyos mientras lames suavemente su cuello, recorriendo el espacio entre el esternón y su barbilla. Le agarras el culo con tu mano derecha, que en un segundo se ha colado del todo bajo su falda. Separas tu cuerpo para mirar el suyo y ella abre los ojos para ver tus ojos y tu mirada de deseo, que sube lentamente como si estuvieras aprendiéndote su cuerpo, cada forma y cada curva… y ella nota tu mirada como una caricia que recorre su piel bajo la ropa, hasta que vuestras miradas se cruzan y acercas tu cuerpo para rozar con tu lengua su cuello, sólo un segundo, porque quieres besar su oreja, el lóbulo de su oreja que recorres sin prisa con la punta de la lengua…
3. Le susurras al oído que cierre los ojos y ella nota tu respiración acelerada, excitándose aún más… “cierra los ojos”… tus manos sujetan sus caderas justo bajo su camiseta y suben suavemente desnudando su cuerpo, ella estira los brazos y nota cómo son sólo tus manos lo que sube por su piel, por su cintura, por sus brazos, hasta que tus manos se encuentran con las suyas y un leve sonido le hace saber que su ropa está en el suelo. Pegado a ella das un paso hacia adelante y ésto la obliga a dar un paso atrás, cayendo sobre la cama sin que sus pies dejen de tocar el suelo, sujetándola para que la caída sea suave, pero no muy suave.
Te tumbas sobre ella, sin tocarla, y la besas una vez más, sus ojos permanecen cerrados… entonces comienzas a bajar paso a paso, beso a beso, por todo su cuerpo, notando con tus labios el latido de su corazón, sigues bajando. Besas su estómago, su ombligo… tus manos acarician sus piernas desde sus pies hasta su cintura por el lado exterior del muslo, subiendo su falda, y bajando lentamente hasta sus rodillas por el interior, separando sus piernas. Besas el lado interior del muslo y lo lames un instante, sólo un centímetro de piel toca tu lengua… lo haces otra vez, en el otro muslo, más arriba, encontrando su ingle… y besas la tela de su ropa interior, que es el único obstáculo entre tu boca y su sexo… entonces una mano sube para acariciar sus pechos, sabes que ella desea la caricia, pero el sujetador separa sus pezones de tus dedos, ella lo sabe, jugando sobre la tela, dibujando los círculos que desearía notar sobre su piel… se le escapa un gemido, lames su ingle y el deseo de ser tomada la supera y le obliga a incorporarse sólo un segundo y soltar el broche del sostén.
Acabo de hacer la prueba con un maniquí sin brazos y se ha arrancado el sujetador a mordiscos… así que creo que la técnica funciona… ¿vosotras qué decís? ¿que sí o que no?
Posted by mimetist as Desvaríos, howto, relatos, sexo at 12:51 PM CET
88 incautos »
AVISO: El relato es una mierda, así que sorry.
Dentro del bar olía a mierda. Cada rato salía de los aseos el vapor templado y asqueroso que emanaban los charcos de orina en el suelo. Beber se convertía entonces en necesario, en el deseo ineludible de camuflar el sabor del aire con el mal gusto de la cerveza. Aquella era una buena razón para emborracharse, la única buena razón que podría encontrar a base de escarbar en mi vida.
Pedí otra botella pero no me quedaba dinero. El tipo del bar lo sabía. Vacié mis bolsillos sobre la barra con la esperanza de encontrar algún billete o alguna moneda, pero sólo había basura.
Salgo del antro. Debería ir a casa, si tuviera una. Quizá lo mejor sería buscar un portal y algunos cartones. O sentarme en una calle céntrica y pedir limosna para poder seguir bebiendo. Debería morirme. O buscar un trabajo.
Al cabo de unas horas ya tengo dinero más que suficiente para varias noches. Debo dar mucha lástima. Huelo a alcohol y seguramente me he meado encima, me han pedido varias veces que me alejara de la puerta del centro comercial. Ahora ya no tendré que volver hasta dentro de un par de días, o quizá mañana. Nunca se sabe cuánto va a durar el dinero.
Vuelvo al bar. Me siento en el taburete de siempre y pido una cerveza pagando por adelantado. Sé que si no pago antes, no me la dará. El barman ríe y comenta que traigo dinero otra vez. Es un gilipollas, pero tiene el local más barato que conozco aunque sea una mierda y la cerveza sea una mierda y todo huela a mierda.
No tarda en sentarse a mi lado una muchacha. Es una puta. Seguramente el barman le ha hecho una señal para que intente sacarme alguna copa. Giro mi cabeza y la miro. Es bastante guapa y tiene marcas en la cara y en los brazos, su chulo le ha pegado, o quizá algún cliente, o el barman. Saco todo el dinero que llevo encima y lo pongo sobre la barra. Ella lo mete todo en el bolso y me agarra del brazo tirando de mí hacia los aseos.
Entramos en una de las cabinas, donde alguien ha olvidado tirar de la cadena. En realidad no importa, no creo que el resto estén mejor cuidadas, ni que ésta sea la primera vez que esta puta entra hoy en estos aseos.. El suelo está cubierto de meado y pisadas; y las paredes de pintadas y números de teléfono de maricones que te pagan un dolar por chupártela.
Me bajo los pantalones e intento metérsela por el culo, pero no me deja. Por el dinero que le he dado no debería ni dejar que la tocara, debe estar desesperada por conseguir pasta, quizá por eso le han pegado… en otro caso no entendería porqué se deja follar por alguien como yo. También tiene moratones en el culo y en lo que puedo ver de la espalda. Me pregunto cuántas veces la habrán violado, cuántas veces y cuántos tíos, y cuántos tíos a la vez. No puedo evitar correrme dentro de ella, la agarro fuerte por el vientre manteniéndome dentro mientras hace ademán de separarse hasta que todo el placer ha desaparecido y sólo somos dos cuerpos sucios en un cagadero.
La observo mientras se viste justo delante de mí, subiéndose las bragas empapadas por la orina y colocándose la falda. Yo sigo allí sentado sin moverme y ella me mira y se inclina hacia mí para besarme, sujetándome la barbilla con cariño. Aquello me la pone dura de nuevo y ella lo nota y yo noto su sonrisa burlona mientras sale del cagadero dejándome empalmado y a punto de empezar a masturbarme.
Cuando vuelvo a la barra, mi cerveza ya está caliente, pero es la última, así que no puedo desperdiciarla. Me la bebo tranquilamente pensando en la puta y en su beso y en su culo y en la paja imaginando su culo. Imagino cómo sería mi vida con ella si tuviera un trabajo, un coche familiar y una casa con jardín en una de esas urbanizaciones de los folletos publicitarios. Imagino cómo sería si hubiera follado conmigo por placer y no por dinero. Imagino su cara sin golpes y su cuerpo sin marcas; y algo me dice que quiero que esté conmigo.
Acabo mi cerveza caliente y salgo del local. Debería ir a buscarla y decirle que quiero que esté conmigo y que no tiene que ser una puta si no quiere. Pero sólo soy un borracho, un vagabundo que pide limosna para beber y seguir bebiendo… y ella sólo una puta que seguramente ya se la esté chupando a un tío mucho mejor que yo.
Posted by mimetist as relatos, sUciedad, sexo at 8:16 PM CET
30 incautos »
Sí, lo es… yo lo sé, tú lo sabes, él lo sabe, nosotros lo sabemos, vosotros lo sabéis y ellos los saben (atentos, acabo de amortizar Tercero de EGB)… pero no sólo me refiero a éste, sino también a éste otro: El BasuraBlog.
Un lugar en el que no hay que pensar, sólo ver y oír (y enlazar, cabrones!!)… el lugar perfecto para pasar el rato con cosas curiosas y partirse el culo con el mono que tenemos de mascota… ya veréis, es la monda, hace de todo… allí podréis encontrarlo.
De él nos encargamos Alexliam y yo, actualizando todos los días con lo mejor y sólo lo mejor que encontramos en internet… tenemos dos lemas que seguimos a rajatabla como máximas en la vida:
“Todos los desperdicios de internet reunidos en un solo blog“
Y el no menos importante:
“Si es una mierda, nosotros lo tenemos“
… y creedme, lo estamos consiguiendo!!
Creo que he puesto demasiado enlace subliminal… Como ya os comenté estoy “trabajando” en unos cuantos nuevos proyectos… éste es uno de ellos. Basurablog formará parte de algo mucho más grande… pero hasta aquí puedo contar, no puedo decir si es de un transformer o de una re… otra cosa.
mimetist WebLoG seguirá como hasta ahora, actualizaciones tan a menudo como pueda con cosas tan buenas como pueda… pero si os sabe a poco y queréis más mimetist… en el BasuraBlog podréis encontrarme.
(ya ya, Alexliam, a ti también… deja de darme patadas…)
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6 incautos »
A todo hombre le llega un momento en la vida en el que decide hacer un gran sacrificio, vender su cuerpo y perder su reputación y su dignidad… ese momento no es otro que en el que, para que sus amigos triunfen, acaba enrollándose con la peor tía del local: “La parásito“… también conocida como “La murciélago“.
¿Cómo explicaros…? A ver…
La murciélago es a la guapa lo que Hamilton a Fernando Alonso:
Una zorra envidiosa y egoísta, acomplejada porque nunca gana y que para lo único que sirve es para tocar los cojones a toda persona mejor que ella, que suelen ser muchas, porque no es más que una niñata defendida por su papaito y a la que misteriosamente nunca se le jode el coche.
Algunos piensan que la murciélago es “la fea” (y sí, es fea), pero hace falta mucho más para llegar a piloto número dos de la escudería. Para empezar hay que ser gilipollas, pero no gilipollas de “ah, qué gilipollas” sino “gilipollas, gilipollas“… porque con una fea que no es gilipollas se puede hablar tranquilamente, de modo que aunque alguien se enrolle con su amiga guapa, no tendrá que quedarse sola ni empezar a dar el coñazo.
Su segunda característica esencial es su capacidad para conseguir lo que quiere mediante el lloriqueo ante cualquier autoridad. Será capaz de llevarse a su amiga al baño y, comportándose como un puto niñato de mierda, convencerla de que se tienen que ir a casa… a no ser que le encuentre rollo. Así que podemos considerar que tiene cierta habilidad natural para el sabotaje y, de paso, para molestar a cualquiera que quiera entrar al boxes, digooooo… al baño.
Y ahí estás tú, con sonrisilla de tonto, comentando a tu amigo el cuerpazo de la tía con la que acaba de enrollarse… mientras que, a menos de 20 metros de ti, sentadas en unas tazas de water, el quiróptero y la piba de tu amigo determinan minuciosamente cuál será tu destino esa noche.
Si la música no estuviera tan alta, notarías un leve zumbido en tus oídos que va in crescendo hasta la perforación del tímpano, están hablando de ti… y aún no lo sabes, pero te vas a enrollar con alguien que protagonizará tus pesadillas durante el resto de tu vida.
A los pocos minutos aparecen las dos cogidas de la mano, casi en fila india, la guapa sonriendo y la fea… allí. Notas cómo te miran, sabes que algo ha cambiado, no es como cuando se fueron, incluso piensas que a lo mejor la guapa se lo ha replanteado y ahora le gustas tú… pero amigo, no sabes lo que te espera… la que sí lo sabe es la parásito. A lo mejor ni le gustas, pero sabe que si el plan funciona y le llegas a dar (atentos) UN SOLO BESO… entonces es que no tienes dignidad y si esa noche no moja es porque ella no quiere.
Y ahí es cuando empieza el ataque. Pero no de frente, sino por los costados, de otros dos velocijosdeputa que ni siquiera habías visto. La guapa te va calentando tirándote miraditas sensuales mientras le susurra algo a tu amigo… ¿le estará proponiendo un ménage à trois?… NO, le está diciendo que o te lías con el monstruo del pantano o se acabó la noche.
Te han tendido una emboscada, si pudieras verte desde el punto de vista de una cámara colgada del techo, apreciarías los surcos que dejan los depredadores acercándose hacia ti. Tu amigo se pone en plan colegueo, “jiji, jaja” y te paga las copas. ¿Es tonto? No es tonto: “El alcohol se inventó para que las feas no fueran siempre vírgenes“… Y tú, que ya venías contento, acabas en un estado en el que hasta Massiel en tanga cantando el “LaLaLa” tiene su morbo.
Brrm, Brrrrrrrm… y empieza la Q3, tercera tanda clasificatoria para ordenar la parrilla de salida, tú con el depósito lleno de combustible hasta los topes, neumáticos duros y usados y la caja de cambios morcillona y marcando las 12:05… joder, está cantao’… ¡¡te va a dar por culo Hamilton!!
Sin saber ni porqué ni cómo, de repente tienes a la parásito en plan meloso agarrándote del brazo mientras la guapa y tu amigo se alejan tras un más que breve: “Bueno, nosotros nos vamos”.
Os quedasteis a solas… el círculo se había cerrado.
Después de una primera experiencia sexual traumática, con payaso infernal incluido, muchos pensaréis que “no se puede caer más bajo“… bien… pues sí se puede. El destino me reservaba algo mucho peor que aquel Ronald McDonald dibujando una M con sus pezones, una historia de amor que me haría recordar con ternura la pérdida de mi virginidad y mi inocencia: Me enrollé con la murciélago… y lo que es peor… estuve saliendo con ella durante meses.
Posted by mimetist as Desvaríos, frases, reflexiones, relatos, sUciedad, sexo at 7:21 PM CEST
18 incautos »
Nunca me miraba mientras se quitaba la ropa, realizaba en silencio el ritual de bajarse las prendas, de quitarse el vestido y tumbarse en la cama… pero no era sólo quitarse el vestido y tumbarse en la cama, se desnudaba también de sí misma, se desvestía los recuerdos doblados sobre la silla y se doblaba y se tumbaba y esperaba… y entonces yo dejaba de mirarla y me quitaba la ropa, sólo quitarme la ropa y tumbarme en la cama.
A veces siquiera nos mirábamos los ojos. Yo los cerraba siempre, igual que se cierran los libros cuando no hay más que leer, aunque haya. Ella también los cerraba, yo lo sabía, y hacíamos el amor como íntimos desconocidos en una fantasía de la fantasía, esforzándonos por retener en los labios el nombre de un amante o de otro y no escuchar los jadeos y placeres que nos traían de vuelta a aquella cama, aquella relación muerta-y-enterrada que nos mantenía unidos, siempre uno sobre otro, nuestra suerte de necromancia.
Otras, en cambio, nos daba por charlar largo rato compartiendo un pitillo, un libro o una copa como si nos quisiéramos, efecto secundario del sexo en otra cama, artificio monógamo, compañerismo más bien. Nunca nos amábamos en estas ocasiones, estábamos con alguien nuevo, distinto, ella con otro y yo con otra, pero en la misma cama, solos los dos, evitando estropear la buena compañía con otra-vez-los-ojos-cerrados, otra-vez-imaginar-y-retener… hasta que se acababa el pitillo, la copa o el libro y de nuevo volvía el riesgo de conocernos, hola-qué-tal, y apagábamos la luz respetando la frontera, apretados los ojos para ver el cielo estrellado, las luces blancas y violetas.
Posted by mimetist as Desvaríos, frases, relatos, sexo at 2:51 PM CEST
18 incautos »
Hoy quiero contaros algo muy personal que poca gente sabe… en confianza y ahora que nadie nos oye, voy a relatar los hechos de cómo perdí mi virginidad.
Fue con una ex del montón, guapetona y un poco bajita, de labios carnosos y pelo largo… no diré más, tampoco quiero que se masturben.
En realidad era como todas… una mujer que quería ser especial y que deseaba tener una primera vez especial. Nos habíamos enrollado unas cuantas veces, más de las necesarias, metiéndonos mano a saco pero sin llegar a más. Sin embargo, después de un mes de conocernos, me desperté un sábado sabiendo que aquél pasaría a la historia como mi primera vez.
Cuando entré en su casa me llamó la atención que las luces estuvieran apagadas… Me llevó de la mano hasta su habitación donde la única iluminación era la tenue y titilante luz de un montón de velas colocadas por todas partes… olía intensamente a incienso de rosas y sonaba de fondo una música relajante. Me sentía como Indiana Jones en el Templo Maldito. Estaba claro que íbamos a follar… o a hacer un sacrificio.
Se había maquillado especialmente para mí. Estaba más guapa que nunca con sus labios rojo intenso y su abismal sombra de ojos powered by MaxFactor… vaya ojazos!! perfectamente perfilados y más verdes que los míos. Parecía una de esas modelos de la tele pero en formato botijo…
Tenía puesta la calefacción para que no pasáramos frío y un radiador junto a la cama, que estaba ligeramente abierta anticipando lo que no tardaría en llegar. Desde luego lo tenía todo previsto… y yo, incauto, había caído en su trampa.
Nos subimos a la cama entre caricias y besos pretendidamente salvajes… los dos estábamos muy nerviosos… nos temblaban las manos y las piernas. Incluso nos costaba hablar, no sabíamos qué decir… aunque tampoco hacía falta decir mucho.
Empezamos a quitarnos la ropa el uno al otro y a lanzarla por todas partes de la forma más sensual y caliente posible. Sus movimientos me ponían a 1000, notaba sus manos cálidas por todo mi cuerpo y la temperatura subía y subía sin parar. Estábamos tan cerca el uno del otro que la situación era indescriptible… ¡cuántas tórridas miradas, cuánto calor humano!…
¡¡JODER, CUÁNTO CALOR!! ¡Me estaba asando! …puede que fuese invierno en el exterior, pero teniendo un radiador al lado de la cama, las velas y a ella pegada a mí me sentía como si estuviera comiendo mazapanes en agosto. Seguro que se parecía a aquella asquerosa escena de Titanic con los cristales repletos de sudor condensado… porque en las pelis no lo cuentan, pero en el sexo se suda, se suda mucho… sin embargo a ella le daba igual, siempre había sido muy friolera, así que seguía y seguía moviéndose…. era nuestra primera vez, ya estábamos en harina y yo no quería estropearlo… aguanté como un machote y me callé.
Se subió sobre mí para controlar la situación, a ella le gustaba el rollo de la chica mala, preguntándome si me gustaba lo que hacía… y me encantaba, “sí, sí, sigue” le decía yo muerto de calor… que con el incienso parecía que los mazapanes me los estaba esnifando, me costaba respirar, estaba mareado y sabía que iba a perder el conocimiento de un momento a otro… pero ella pasaba de mí, estaba a lo suyo, cada vez más emocionada, y me decía:
• ¿Te gusta? ¿Te gusta?
y yo le contestaba que sí, pero mi mente se desvanecía… tuve que cerrar los ojos para concentrarme…
• ¿Te gusta? eh? ¿¡TE GUSTA!?
El tono de sus palabras iba subiendo poco a poco hasta que, sin saber muy bien ni porqué ni cómo, me indicó amablemente y con mucha educación que le diese una palmada en el pompis: ¡¡Azótame, cabrón!!
Creo que si no hubiese estado al borde de la embolia se me habrían puesto los ojos como platos, pero no podía ni abrirlos… tenía puesto el piloto automático así que le dí una suave palmadita…
• ¡¡Más fuerte!! - me decía - ¡¡MÁS FUERTE!! ¡¡CABRÓN!!
Yo no reaccionaba, estaba jodidamente mal y ella no paraba de moverse, arriba y abajo, besándome el cuello… me gritaba al oído y seguía excitándose!!
• ASÍ QUE NO QUIERES PORTARTE BIEN, ¡¡AHORA VERÁS!!
Me sujetó las manos a la altura de la cabeza y aumentó la fuerza de sus movimientos… me golpeaba con su ingle y ¡¡me hacía daño!!, me estaba obligando a follar!!, me sentía ultrajado, sucio… ¿porqué me tenía que pasar aquello?
• NO VOY A PARAR DE FOLLARTEEEEEEEE!!!
Mal momento para abrir los ojos.
Estaba tan metida en su papel que tenía la cara roja de tanto gritar y sudaba como una cerda. Prácticamente me escupía entre palabra y palabra… tenía el pelo tan despeinado que parecía que me estaba follando una escobilla del water. Aterrador.
Pero lo peor no era eso, sino que, entre calor y sudor, su maquillaje se deshacía y goteaba por su cara mezclándose con el pintalabios desfigurado por los besos.
• No voy a parar de follarteeeeee, NO VOY A PARAR!!!!!
¡¡Me estaba violando un payaso recién salido del infierno!!
Intentaba zafarme pero ella no me soltaba, yo no tenía fuerzas y estaba desorientado, ¡¡pensaba que iba a morir allí!!
Fue entonces cuando hice lo único que puede hacer un hombre en una situación como esa: Evadirme de la realidad.
Lo sé, no soy muy valiente. Quizá perdí el conocimiento durante unos segundos, un pequeño desmayo, puede que algo más… quizá mi cerebro puso en marcha un mecanismo de defensa para no acabar muerto o mal de la cabeza. No lo sé, apreté los ojos tanto como pude y empecé a imaginarme la escena como si aquél cuerpo inerte no fuese el mío.
Y allí estaba yo, con los ojos cerrados y la cabeza girada, inmóvil, inexpresivo… prácticamente muerto… mientras ella seguía violándome y lamiendo mi cara entre insultos.
Oía de fondo sus gritos y notaba el vaivén de la cama como si fuera el suave oleaje del mar. El incienso formaba nubes a mi alrededor y el olor me invadía para transportarme a lugares hermosos… yo mismo era el incienso… unido en armonía a todas las cosas para siempre.
Bueno… eso hasta que empezó a golpearme:
• David, David!!
Imaginen a Satán gritándome a cámara lenta:
• DAVIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIID!!!
y yo:
• ¡No, basta, no me hagas más daño!
• ¡DAVID, LA ROPA!!!!
• ¿qué dices?
La ropa… sí, señores… la ropa.
La ropa se consumía en llamas junto a unas velas y amenazaba con extender el fuego por cortinas y muebles. Buena parte del parqué ya estaba negro… y si no hubiera sido porque continuaba pegándome para que reaccionara, me habría quedado allí absorto con la boca abierta mirando el elemento purificador.
Me levanté de la cama desnudo y sudoroso, manchado de maquillaje, con el cuerpo lleno de arañazos y marcas de tortazos, mareado y quizá con lágrimas en los ojos… para apagar el incendio… porque fuera de la cama el hombre era yo y un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer.
Dicen que la primera vez nunca se olvida… y es verdad… yo necesitaría muchos años de terapia para hacerlo.
Aquél día perdí mi virginidad, una camiseta y dos calcetines… cambió mi forma de ver el mundo, dejé de tenerle miedo a la niña del exorcista y comprendí que el infierno existe. Desde entonces tengo ciertos gustos inamovibles… ¿trauma?¿fobia?
No me gustan las mujeres que se maquillan demasiado.
Posted by mimetist as Desvaríos, frases, reflexiones, relatos, sexo at 9:48 PM CEST
60 incautos »
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